Llega ese momento del año en el que parece obligatorio hacer inventario de éxitos, proyectar ambiciones (normalmente ambiciosas y a veces incluso desmedidas) y sumarse a una especie de euforia colectiva por el «estreno» de un calendario que para mí, realmente comenzó en el mes de septiembre
Si algo he aprendido a lo largo de estos años es que el tiempo no entiende demasiado de likes, de palmadas en la espalda, de trimestres fiscales ni de cierres contables. El tiempo entiende principalmente de cómo decidimos gestionarlo.
Haciendo balance de estos meses, no me apetece caer en la narrativa complaciente de que todo ha sido aprendizaje y positividad. También ha habido ruido, saturación, cansancio, malos y buenos momentos y, sobre todo, una presión constante por estar en una carrera de fondo hacia alguna parte que a veces no alcanzo a comprender. En el entorno profesional nos hemos acostumbrado a validar nuestra valía y la de los demás a través de la hiperactividad, olvidando que la estrategia real, en ocasiones requiere pausa, criterio y mucha calma.
No pretendo dar lecciones de productividad ni de bienestar. No es mi rollo. Mi reflexión es mucho más simple. Que cada uno haga lo que quiera, y que lo haga con el sentido que le quiera dar a las cosas, y si puede ser tratando de generar un impacto positivo en lo que nos rodea y nos contiene, mejor.
No necesitamos (yo al menos no lo necesito) más imposiciones externas ni más gurús dictando cómo debemos actuar, o sentirnos o relacionarnos con los demás si queremos tener eso que llaman ‘éxito’. Si algo reivindico para este año que viene es recuperar la capacidad de vivir y trabajar bien sin que el trabajo se convierta en el único eje sobre el que pivota mi existencia.
Me gusta avanzar en los retos profesionales con rigor, por supuesto, pero me niego a perder la perspectiva de lo que sucede fuera de la pantalla que tengo enfrente tantas horas del día. Disfrutar de las cosas de la vida no debería ser un premio de consolación tras una jornada extenuante, sino la base sobre la que construir todo lo demás.
Mi propósito: Menos inercia, menos frases de autoayuda digital, menos scrolling vacío, menos urgencias impostadas y un poco más de normalidad, gente que suma y sentido común.
A por el 2026!
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Javier Varela





