Este nuevo mundo de Pocoyó se emitirá dentro del laureado programa de Los Lunnis y será una pieza más de ese engranaje comercial en el que se han convertido los programas dirigidos a los más pequeños. El nuevo amiguito de los niños se financia a través de una cuidadosa estratégia de marketing que permite a este curioso aventurero tranvestirse para aparecer en tiendas y escaparates en forma de muñeco de peluche, de taza, de llavero, de CD, de bolígrafo, de camiseta, de mochila y de un sinfín de de disfraces más que estimulen el sentido comercial de los niñ@s y que haga rotar el dinero de sus padres. El verdadero negocio está fuera de las pantallas.
Quizás es verdad que los costes de producción de estas séries es muy elevado y que es necesario buscar financiación de la manera más rentable, pero yo tengo una duda que me da vueltas en la cabeza y que me gustaría exponer en forma de debate abierto a vuestra participación, ¿se hacen séries para entretener a los niñ@s (o mayores) y se busca la manera de financiarlas y ganar algo de dinero?, o por el contrario ¿se busca un negocio redondo y el medio de alcanzarlo es creando un producto perfectamente estudiado que mueva a los niñ@s a demandar esos productos?
La noticia la leí este fin de semana en Actualidad Económica













