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Casa Grande de Xanceda, los yogures ecológicos

22 febrero 2007 | Publicado por: Javier Varela

En Mesía, la zona más montañosa de A Coruña, una explotación de vacas felices sorprende al viajero. Y más aún la pequeña fábrica-taller de yogur ecológico que acaba de iniciar su producción con la marca Casa Grande de Xanceda, nombre del caserón señorial situado en la finca de 170 hectáreas propiedad de Juan Fernández Armesto y su familia. Abogado y ex presidente de la CNMV, Armesto intenta aplicar en el nuevo proyecto el ideario que siempre le ha acompañado. En este caso, ‘el desarrollo sostenible, el bienestar animal, el compromiso social y la credibilidad’, no son simples teorías.

Fernández Armesto relata el origen de esta explotación, que es la segunda productora española de leche ecológica, con 1,2 millones de litros anuales, y cómo surgió la idea de fabricar yogur de alta calidad al alcance de todos. Casa Grande nació en los 60, cuando sus padres, Felipe y Victoria, ilustres gallegos, importaron vacas frisonas de Canadá para fundar una ganadería que siempre fue natural, pues ‘nunca se han usado abonos químicos en los pastos’, cuenta su propietario. Las 30 hectáreas y las 20 cabezas iniciales se convirtieron en 300 vacas, dos por hectárea, que no conocen el pienso.

Pese a la alta producción de leche (que comercializa el grupo President en su línea ecológica) y a estar ‘bien pagada’, Fernández Armesto consideró llegada la hora de aportar valor añadido a una parte de la producción (entre un 15% y un 20%). Entre las opciones de fabricar queso o yogur, ganó ésta última. Y aquí fue donde comenzó el sueño de Guillermo Martínez, socio y director gerente de la sociedad agraria de transformación (SAT) a la que fue invitado a participar por Armesto y sus tres hijos (Cristina, Victoria y Santiago), que realizan una importante labor de marketing. Guillermo, convencido ecologista, ornitólogo y veterinario, cuya única tarea en Casa Grande era tratar a las vacas, reconoce gozar con un proyecto que comparte con otra media docena de empleados .

‘Todo el entorno recoge la filosofía de respeto a la naturaleza’, indica Armesto. El taller se construyó siguiendo el estilo arquitectónico de la zona y, para las oficinas, fue rehabilitada la casa grande, edificio del siglo XVIII que forma parte del patrimonio histórico. La inversión inicial de 600.000 euros ha servido para construir la fábrica (con una nueva tecnología en cuya investigación y desarrollo ha participado la Universidad de Santiago), y diseñar los envases.

La planta tiene una capacidad de producción de 400.000 a 500.000 litros de yogur al año (7.000 envases diarios) y utiliza entre uno y dos litros de leche para fabricar un kilo de yogur, cuando lo habitual es lo contrario. ‘Concentramos la leche de forma natural para que el yogur sea más cremoso’, indican sus responsables, y ‘así evitamos añadirle leche en polvo, proteínas, conservantes o cualquier aditivo’. Para producir el yogur, ‘hay que esperar a que se ordeñen las vacas y la leche va de los establos a la fábrica sin ser manipulada’, añaden.

Lo más difícil, reconocen los flamantes emprendedores, ha sido superar los trámites burocráticos, como el de la certificación ecológica, que ha retrasado dos meses el inicio de la producción, o la inscripción en el registro de empresas ecológicas. Además, tres organismos públicos y privados han realizado controles de calidad: Craega (órgano oficial certificador de la producción ecológica de Galicia), Sanidad y dos laboratorios independientes. En cualquier caso, los responsables de esta pequeña SAT confían en recibir la subvención comunitaria que han solicitado a la Xunta.

‘Huiremos de los estantes de élite’, dice Fernández Armesto

Los responsables de Casa Grande de Xanceda desean huir del mercado restringido en el que se venden los alimentos ecológicos. ‘Queremos que el consumo de este tipo de yogures se normalice, como ocurre en Inglaterra o Alemania’. No en vano, el modelo de negocio está inspirado en compañías, como la estadounidense Stoneyfield (ahora de Danone), que comenzaron con una producción artesanal y dominan sus mercados locales. Así, el objetivo es vender el yogur en toda España, especialmente, en grandes cadenas de alimentación (a partir de enero se comercializará en El Corte Inglés). Esta huida de los estantes de élite han llevado al diseño de un envase del que Cristina Fernández Armesto se siente orgullosa. ‘Hemos rechazado el vidrio porque, además de ser poco ecológico, transmite la idea de un producto caro’.

Casa Grande utiliza unos vasos de plástico con un espesor mínimo que le suministra la firma suiza Geovalley, líder del mercado de este tipo de envases, que son 100% reciclables. Además, el cartón que los envuelve se separa fácilmente para ser desechado por separado. Respecto a la cantidad (actualmente para los yogures ecológicos se utilizan envases demasiado grandes), Casa Grande ha buscado ‘un formato más adecuado para el consumidor’, aunque de 150 gramos, un poco mayor que el estándar, que es de 125. Todo ello a 79 céntimos.

Por Carmen Monforte (Cinco Días).

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